La dafnomancia toma su nombre de Dafne, la ninfa del laurel en la mitología griega. El laurel era sagrado para Apolo, dios de la profecía, y su combustión se consideraba un canal directo hacia el conocimiento divino.
El practicante arrojaba ramas frescas de laurel al fuego y escuchaba atentamente. Crepitar fuerte con llamas brillantes se leía como augurio favorable; el silencio o el rescoldo sin llama indicaban infortunio.
Se dice que la Pitia en Delfos usaba laurel en sus ritos de purificación. La dafnomancia permaneció popular en el mundo helénico y fue adoptada por la práctica religiosa romana.